Geriátrico Los Alerces


El establecimiento cuenta con

Capacidad para 16 ancianos

Habitaciones individuales o compartidas

Servicio de enfermería las 24 horas

Cocina y nutrición personalizada

Espacio de esparcimiento con televisor por cable



Humor negro, mitos y tabúes

Requisitos de admisión:

1) Minimental test de 24 puntos o más

2) Mal carácter o comportamiento inadecuado certificado por un profesional de la salud

3) Consumo mínimo de 4 pastillas diarias


Gerencia:


Sebastián Chilano - Fernando Del río



Ficción y realidad

Ficción y realidad

Foto: "Del pasillo a las habitaciones"

Foto: "Del pasillo a las habitaciones"

lunes, 30 de mayo de 2011

La persecución de los medios. La gerencia muestra su preocupación, en el diario El Atlántico de Mar del Plata el 30 de mayo se publicó esta nota titulada "El geriátrico, un lugar siniestro" firmada por Juán Carrá

El filósofo alemán Friedrich Schelling expresó que "Lo siniestro (das Unheimliche) nombra todo aquello que debió haber permanecido en secreto, escondido, y sin embargo ha salido a la luz". Este concepto, también, fue desarrollado por el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud: “La voz alemana «unheimlich» es, sin duda, el antónimo de «heimlich» y de «heimisch» (íntimo, secreto, y familiar, hogareño, doméstico), imponiéndose en consecuencia la deducción de que lo siniestro causa espanto precisamente porque no es conocido, familiar (…) lo novedoso se torna fácilmente espantoso y siniestro; pero sólo algunas cosas novedosas son espantosas; de ningún modo lo son todas. Es menester que a lo nuevo y desacostumbrado se agregue algo para convertirlo en siniestro”.
En el marco de este concepto, podemos decir, sin dudarlo, que la vida en El Geriátrico que nos presentan Fernando Del Río y Sebastián Chilano es siniestra.
En esta novela, la segunda de una trilogía iniciada con Furca, la cola del lagarto; los autores proponen como escenario el hábitat cotidiano de un grupo de ancianos confinados en un geriátrico.
La cercanía de la muerte es el hilo conductor de una serie de hechos y decisiones que se conjugan entre la decadencia física y mental, la soledad, el aislamiento, el deseo sexual y la esperanza de sentirse jóvenes, al menos, por unas horas.
Al geriátrico llega Mara, la abuela de Furca, personaje deforme, soberbio y resentido protagonista de la saga. Mara llega al geriátrico por decisión propia. Quiere irse de su casa, no soporta más a su nieto, con quien mantiene una extraña relación basada en la discriminación mutua.
La llegada de Mara al geriátrico es el disparador de una serie de historias narradas en paralelo que tienen como protagonistas a los habitantes de ese lugar, similar a un campo de concentración, donde La Cava -una especie de administradora autoritaria- es el ojo que todo lo ve.
Allí, entre otros personajes, está Dante Massoni. Un militar retirado, participe orgulloso de la represión ilegal, quien intenta extender su mando a los demás ancianos como si su poder continuara vigente amparado en la impunidad. Es él quien logra seducir a Mara. Es él quien, también, será el ejecutor in situ de los planes que Furca tiene para desarrollar intramuros. Esa dualidad moral -la de seducir a Mara, pero también a Furca; dos enemigos en disputa constante- construye a quien se erige como el personaje más rico de la novela. Pero no será la única contradicción latente en el exuniformado. Él, Massoni, “El General”, quien se define como un verdadero hombre y no duda en denigrar a Edi, el enfermero homosexual del geriátrico, no dudará, tampoco, en someter sexualmente a otro hombre para demostrar quién manda.
La crudeza de los relatos, tratada con una cuota necesaria de humor negro, les permite a los autores manejarse en terrenos borrascosos de la decadencia del ser humano. La vejez, entendida en diversas culturas como la cima del conocimiento, es en nuestra sociedad un prólogo de la muerte.
El Geriátrico, refleja la crudeza de esta etapa de la vida dentro de una institución para ancianos donde rige, entre otras cosas, el control farmacológico. Allí, hasta tomar un trago de cerveza, puede ser una señal de libertad para los ancianos.
Chilano y Del Río se animan en El Geriátrico a tocar temas que la sociedad suele colocar debajo de la alfombra y lo hacen con el sarcasmo propio de la saga de Furca. Así mueven sin filtros entre la vida agónica y la muerte; entre la moral casta atribuida a la vejez y el deseo irrefrenable de los ancianos por volver a sentirse tocados; entre la necesidad de sentirse vivos y la posibilidad de no amanecer nunca más.