Conversación adulterada por serios efectos adversos que aparece o desaparece en algún lugar de la novela:
-Vos me dijiste que las pastillas te pueden hacer sentir cualquier cosa -dijo la abuela Mara-, y también me dijiste que te avisara cuando estuviera mal. Ahora estoy mal.
Edi, el enfermero, salió del baño y la miró sin decir nada.
-Yo me tomé muy en serio tus palabras –continuó la abuela Mara-. La otra vez tuve ganas de vomitar y me dieron una pastilla verde que lo cortó. También me tomaste la presión y la tenía alta y me diste una roja y se me bajó. ¿Te acordás el día que tuve ese dolor de cabeza y con una amarilla con puntos grises se me pasó? Después tuve muchas ganas de llorar y me diste algo que me hizo bien, me hizo sentir… qué sé yo, feliz. El fin de semana tuve insomnio y con dos pastillas blancas me pusieron a dormir durante quince horas. Mirá en tan poco tiempo en este lugar qué cantidad de cosas me pasaron y me las solucionaste con pastillas. Todo pasa por las pastillas.
-La diferencia entre la lucidez y ser una planta de adorno, no sólo está en la suerte de sufrir tal o cual enfermedad -le dijo Edi-, está también en el control que tengas sobre las recetas que los médicos te hacen.
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